Desde los albores de la humanidad, la familia ha sido un pilar fundamental de la sociedad; su interacción y dinámica permanente, ha forjado la historia de los pueblos y en ello, perpetuado la existencia de lo humano, lo político y lo institucional. Dicha unidad, es por ende un baluarte que amerita una mirada integral y estructural, que otorgue a la misma, el alcance que sin duda tiene y el protagonismo en la vida de sus integrantes.
Al margen de las diferentes variaciones que hoy tiene la familia y las maneras como se constituye, es importante reconocer que al interior de la misma se establecen vínculos, se entretejen sueños, proyectos y expectativas, aspectos que van de la mano con la educación, la interiorización de valores y la estructuración de la personalidad; allí se modelan conductas, se establecen normas, se capotea el presente y se direcciona el futuro; en suma, es la realidad de lo heterogéneo, de las perspectivas, de las diferencias generacionales, del radicalismo por la experiencia o de lo insólito e inesperado por la curiosidad de las nuevas generaciones.
Al ser la familia, como decía Bronfenbrenner (1987), el sistema que define y configura en mayor medida el desarrollo de la persona desde su concepción, tendríamos que reconocer la implicación de forjarla y las maneras como se dimensiona su origen y gestación en las decisiones de las personas al querer conformarla o conducirla; esto a razón de todas las implicaciones que conlleva y en muchos casos a la improvisación a la que se ve sometida.
Es común escuchar que educar los hijos no tiene manual y que cada familia es un mundo particular, por tanto, no se puede negar el éxito o la satisfacción que se respira al interior de muchos hogares, en donde con claridad logran conducir a sus miembros, incluyendo los resultados también de los padres, hacía logros y metas social y culturalmente esperadas, sin embargo, también es cierto que bajo dichos estándares sociales, otras veces no se logra el propósito y se devienen al interior de la misma una serie de dificultades que afectan su misión y sus objetivos
Como ente socializante, es la familia, el primer responsable de forjar y facilitar a sus miembros, todos aquellos comportamientos y actitudes que favorezcan el afrontamiento, la gestión emocional y por consiguiente, el aprendizaje, ejercicio y práctica de valores y habilidades que permitan la adaptación y movilidad en las diferentes facetas de la vida social, por no citar, la sensación de autorrealización de cada uno de sus integrantes, aspecto que sin duda sería en resumen lo más importante.
“La familia es un conjunto organizado e interdependiente de personas en constante interacción, que se regula por unas reglas y por funciones dinámicas que existen entre sí y con el exterior”, (Minuchín, 1986, Andolfi, 1993; Musitu et al., 1994, Rodrigo y Palacios, 1998) ; es precisamente la familia, la organización humana por excelencia, un contexto que permite ser extrapolado en su funcionamiento al de una empresa, ya que de la misma manera, comparte una misión, una visión y unos objetivos a la hora de direccionarla y conducirla con éxito.
Así como para las empresas, la planeación estratégica en la familia, es una condición sine qua non, para quienes quieran o estén actualmente liderando una, no importa cuál sea su conformación, su estructura, el número de miembros o su representación; Más allá de la seriedad que esto representa en el marco de la responsabilidad, en ocasiones no se visualiza como organización, como sistema interactivo o como estructura, aspecto que deja pasar por alto, circunstancias determinantes en su funcionamiento, su efectividad y su eficiencia.
Como diría Patricio Polizzi “La efectividad de una organización la vamos a entender como su capacidad de hacer las cosas correctas, en este caso, satisfacer adecuadamente los requerimientos de sus grupos de interés. Y por eficiencia a su capacidad de hacer correctamente las cosas, es decir, lograr la optimización del uso de sus recursos. La competitividad de una organización se funda y se sustenta desde el equilibrio de estos dos conceptos. Ser efectivo con eficiencia suficiente es el gran desafío”.
Alinear la familia estratégicamente y extrapolándola a las organizaciones, es permitir que converjan y comulguen en sincronía, lo que Pollizzi señala: El clima, la cultura, las competencias y el enfoque organizacional, es decir, la satisfacción y adecuada percepción del ambiente familiar, la forma como se hacen las cosas, las competencias requeridas, aprendidas y necesarias para vivir y contribuir con el rumbo que se ha trazado el grupo que la conforma.
Así como un plan estratégico organizacional es único y contiene el ADN de cada empresa, en el caso de la familia, ocurre exactamente lo mismo y requiere de un análisis particular que permita considerar todas las variables y circunstancias que atañen a sus propios miembros.
La familia, tal como señala Espinal, Gimeno y González, debe ser considerada como un sistema que cumple o cuenta con los siguientes elementos:
- Es un conjunto
- Es estructurada
- La integran sujetos psicológicos / personas
- Es un sistema propositivo
- Se auto organiza y se retroalimenta
- Sus miembros interactúan permanentemente
- Es un sistema abierto
Dicho entramado que le constituye como sistema, es precisamente el reto de la familia, reto que al estar en constante interacción con el medio ambiente, hace de dicha unidad, un entorno complejo y expuesto.
Planear la familia estratégicamente y concebirla como una organización sistémica, no es una herramienta menor, si se comparte la idea en donde se asegura que todo aquello que no puede ser medido, tampoco podrá ser mejorado, o que la misión y visión empresarial, es el faro guía de la misma, y que estás no solo deberán ser vividas por cada uno de sus miembros, sino también, interiorizadas desde la convicción y no desde la conveniencia para alcanzar objetivos comunes (enfoque organizacional).
Si lo anterior se comparte y se logra extrapolar a la familia, tal como ya se ha insinuado, entonces estamos en sincronía, respecto a la necesidad de repensar a dicha entidad como una unidad integral, que necesita un análisis detallado, una visión compartida, unos objetivos comunes, unos indicadores que le permita saber cómo va y que debe hacer para capacitarse, evitar o resolver conflictos, evaluarse, incentivarse, generar bienestar a sus integrantes, desarrollar competencias de liderazgo, de afrontamiento, de emprendimiento y creatividad, entre otros, pero sobre todo, que le permita identificar sus fortalezas, sus debilidades, sus amenazas y establecer planes de mejora para encarar los retos del presente, pero volátil siglo 21.
Ps Felipe Henao Amaya
Consultor de Capital Humano
DINÁMICA CONSULTORÍA EMPRESARIAL