“El misterio de la existencia humana radica no solo en mantenerse con vida,
sino en encontrar algo por lo que vivir.”
Fyodor Dostoyevsky
¿Estas viviendo la vida que imaginaste? ¿Recuerdas lo que soñabas cuando eras niño?
Cada vez con mayor frecuencia oímos hablar del niño interior, hasta el punto que se ha vuelto un escenario común para muchas actividades, si vamos a hablar de creatividad, le pedimos a las personas permitir que su niño interior aflore; si se trata de ser felices, sugerimos que le permitamos al niño interior actuar por nosotros, e incluso, nos proponen con frecuencia sanar al niño interior, llegando a la conclusión errada, de que todo lo que tenga que ver con diversión, creatividad, perder la cordura, etcétera, es activar al niño interior.
En realidad, cuando hablamos del niño interior, estamos hablando de un enorme cúmulo de creencias potencializadoras algunas, y limitantes otras, que tuvieron su origen en nuestra niñez, mandatos que cada uno de nosotros aprendió y definió como verdades absolutas durante la infancia, las cuáles tienen carácter de precepto y por consiguiente, repetimos durante toda la vida sin ningún tipo de cuestionamiento, porque en últimas,
son nuestra propia verdad y moldean nuestra realidad. El niño interior no es un ente o un lugar dentro de nosotros, es la definición de quienes somos, cuáles son nuestras cualidades y oportunidades, y cómo operamos en el mundo para obtener los resultados que buscamos; lo que sucede como resultado de esta situación, es que algunas personas
son más proclives a obtener o dejar de obtener ciertas cosas según sus propias creencias; es, en síntesis, nuestra propia esencia.
Este acervo de experiencias incluye aquellas situaciones en las cuales fuimos vulnerables o nos sentimos en estado de carencia, tanto física como emocional, y también el amor que nos prodigaron, los juegos que aprendimos y los recuerdos de cada situación que nos marcó. Si cuando fuimos niños fuimos o nos sentimos abandonados, menospreciados, Líderazgo Inspirador minimizados, etc., estos recuerdos, muchos de ellos inconscientes, determinaran la forma en que nuestro yo adulto se comporta y los resultados que obtiene en su propia vida.
Estas improntas se vuelven patrones de comportamiento tan arraigados que nos llevan a vivir una vida en bucle, en el que repetimos las mismas conductas, con los mismos resultados y posiblemente, las mismas frustraciones una y otra vez, hasta tanto no tomemos consciencia de ello. Si de niños aprendimos que una situación es mala, o que
cierta actividad es imposible, estaremos convencidos de ello y haremos todo lo posible en nuestra vida actual para ratificar dichas creencias.
Hace un tiempo, me encontré la siguiente frase en Instagram: “Todos tenemos un talento.
Yo por ejemplo, nací con el don de complicarme la vida”, si bien es cierto, esta frase muestra como se manifiesta el niño interior de quien la escribió, es mas verídico, que no es un talento, no nacimos así y mejor aún, no tenemos por qué seguir haciéndolo.
Basta con analizar a ese niño interior y preguntarle que necesita para superar dicha situación.
He propuesto en otras ocasiones, que actuamos en lo que coloquialmente llamamos “piloto automático”, que no es más que el dominio del inconsciente sobre nuestra parte atenta y consciente; los neurocientíficos, han ratificado lo que la PNL propuso hace ya casi cuatro décadas, sólo actuamos de manera consciente en aproximadamente el 3% al 5% de nuestro día y, un gran 97% al 95%, está regido por el “piloto automático”. ¿Te has sorprendido comiendo y en lugar de disfrutar de los sabores, texturas y aromas de los alimentos, estás estresado pensando en todo lo que debes hacer después?, ¿Caminas por la calle y antes que disfrutar de la calidez del sol, el soplo del viento o el sonido alrededor, te apuras y preocupas porque llegas tarde?; ¿Donde quedaron esos momentos mágicos que reclama y tanto disfruta nuestro niño interior y que tanto anhelamos de nuestra niñez?, ya lo decía John Lennon “La vida es lo que ocurre mientras estás ocupado haciendo planes”
Trabajar con el niño interior y solucionar o ajustar algunos de sus mandatos, requiere de apoyo y de un coach que pueda ayudarnos a tomar consciencia de situaciones que para Líderazgo Inspirador nosotros mismos son invisibles, no obstante, puedes empezar con algunas acciones como forma de curar, pero especialmente, de liberar a tu niño interior:
1. Entender que la niñez no es una etapa que pasó y no volverá, es una etapa en la cuál conformamos lo que somos hoy, por eso mismo, es la parte más esencial de cada ser humano;
2. Vivir el momento en su plenitud, porque ese momento es único e irrepetible; te invito a dejar de lado el celular y las demás pantallas que nos rodean permanentemente y dejarte llevar por el momento, activando al máximo cada
sentido, percibiendo todo lo que te rodea y que, a pesar de ser maravilloso y sorprendente, pasa desapercibido la mayor parte del tiempo;
3. Cierra los ojos y tomate un espacio para recordar una situación de la niñez que te traiga sensaciones agradables, analiza, percibe y entiende esas sensaciones, y luego, guárdalas valorándolas y sintiéndolas tan propias como puedas;
4. Si tienes hijos, aprovecha para volver a jugar con ellos, como lo hacías de niño, sin inhibiciones y disfrutando a plenitud, tu niño interior lo agradecerá, ¡tus hijos también!; si no tienes hijos, que no sea una excusa, juega con tu mascota, camina descalzo, pinta, encuentra una actividad que te permita ser tu sin tantos miramientos;
5. Permítete espacios propios para disfrutar contigo y mimar al niño interior, desarrollando actividades que te gratifiquen y lleven a los recuerdos positivos de la infancia;
6. En la dedicatoria del libro El Principito, Antoine de Saint-Exupéry escribe: “…Quiero dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria: a León Werth cuando era niño…” Que buen regalo leer de nuevo El Principio;
7. En el mismo libro de El Principito, se encuentra la frase: “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.” Sin embargo, nuestro niño interior siempre está atento a responder inquietudes, permítete hablar con él, si llevas 30 años sin hablar con él, posiblemente tomará más tiempo, pero al final, no sólo te hablará, también te dará grandes respuestas que sólo los niños saben dar.
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¿Estas viviendo el momento a plenitud, como lo soñó el niño que primero fuiste?
La búsqueda de la felicidad es una de las grandes aventuras humanas. Tal como explica Eduardo Punset en su libro “El viaje al poder de la mente”, el viaje a la felicidad acaba de empezar y su final es incierto: “Hace un poco más de un siglo la esperanza de vida seguía siendo de treinta años: lo justo para aprender a sobrevivir, si se contaba con la suerte, y culminar el propósito evolutivo de reproducirse. No había futuro ni, por lo tanto, la posibilidad de plantearse un objetivo tan insospechado como el de ser felices. Ésta era una cuestión que se aparcaba para después de la muerte y dependía de los dioses. La revolución científica ha desatado el cambio más importante de toda la historia de la evolución: la prolongación de la esperanza de vida que ha generado más de cuarenta años redundantes –en términos evolutivos-. Por primera vez la humanidad tiene futuro y se plantea, lógicamente, cómo ser feliz aquí y ahora. La gente se ha sumergido en esas aguas desconocidas, prácticamente, sin la ayuda de nadie. Ahora la comunidad científica intenta iluminar el camino”.
En una primera mirada a este párrafo, podemos dilucidar que el propósito desde el punto de vista meramente biológico ha sido el sobrevivir y perpetuar la especie, no obstante, con la ampliación de la expectativa de vida el foco se ha movido a una concepción más espiritual. No obstante, la búsqueda de este logro personal varía en función de las personas y la época en que vivimos, posiblemente, en la época de nuestros abuelos el propósito de la vida era encontrar a alguien a quien amar toda la vida, trabajar, convertirse en buenos proveedores y dejar descendencia; en la actualidad, para alguien será disfrutar cada momento al máximo, tener un trabajo que le permita tener mucho
dinero o reconocimiento y experimentar la vida viajando. Algunos con un toque un poco más espiritual buscan identificar sus talentos y como ponerlos al servicio de otros para tener así una vida con propósito. En vista de que no hay un propósito unificado para toda la humanidad, es trabajo de cada quien – si así lo desea – encontrar aquello que le da sentido a su vida.
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En su libro “Fluir” Mihalyi Csikszentmihalyi, define el propósito de vida como el desarrollo de actividades que nos permitan entrar en estado de flujo, es decir, hacer aquello que nos apasiona y que finalmente logra que el tiempo pase sin que nos percatemos de ello. Esas actividades que hacen que el tiempo vuele.
Así que tratemos de definir el propósito de vida, y empieza por preguntarte ¿Qué harías si no tuvieras miedo?, los siguientes son pasos que ayudan en la búsqueda del propósito personal:
1. No compararse:
Los medios y el avance de las redes sociales nos han llevado a que muchas personas estén más atentas a lo que hacen los otros, que de lo que ellos mismos hacen o dejan de hacer, nos preocupa cuánto dinero ganan, cuáles son sus trabajos soñados y los logros en su mayoría materiales que han obtenido. La sociedad actual vende la vida presente como una quimera; desde las imágenes que publicamos en redes sociales como Instagram hasta las apariencias que pretenden reflejar una realidad que no es la propia. Una cosa es lo que dicen y muestran, otra es la realidad que viven. Por esto mismo, es más sano centrarse en el proceso propio y dejar de pensar que los demás tienen su vida resuelta o una mejor a la propia.
2. El trabajo es un medio, no un fin:
Cuando pensamos en el trabajo como un medio para obtener lo que queremos, y no como un fin, entendemos que ese trabajo es una parte más de la experiencia de vida, no la única, ni la más importante.
¿Cómo sacarle provecho a este tipo de situaciones? Identifica qué puedes aprender de tu trabajo actual, ya que esto será fundamental para encontrar tu propósito de vida.
Recuerda que lo primero es saber qué es lo que te gusta.
¿Cuáles son los aspectos que disfrutas y te entretienen?; bien sea de tus compañeros de trabajo, las retribuciones que recibes, el clima y ambiente laboral, entre otras. Tu labor es encontrar cuáles son estas, al igual que aquellas que por nada en el mundo disfrutas hacer. Tener esto claro te pone en una posición ganadora respecto a tu futuro, ya que sabrás en qué campos te podrás enfocar y en cuales no.
3. Define qué es lo que no te gusta hacer:
Pregúntate ¿Qué te da pereza hacer en tu trabajo, en la universidad y en tu vida en general?, ¿Disfrutas hablar con las personas?, ¿Hablar de ciertos temas como música, finanzas, meditación, programas de televisión?, Si no te gusta, escríbelo. De esta manera harás consciente lo que ciertas actividades o temas te hacen sentir.
Una vez tengas claro que no te gusta, habrás eliminado muchísimas opciones dentro de la búsqueda de tu propósito de vida. Ahora bien, las dos preguntas claves y determinantes que deberás hacerte en algún punto son las siguientes:
a) ¿Qué estás dispuesto a hacer todo un mes sin recibir un solo pago a cambio?
b) ¿Cómo puedes generar ingresos a partir de esta actividad?
4. Date permiso para probar cosas nuevas:
Antes de tomar una decisión regálate la oportunidad de experimentar cosas nuevas. La gran mayoría de personas viven insatisfechas con la vida que llevan, pero no hacen nada al respecto. Son soñadores frustrados que tienen la solución en su tiempo libre, pero se quedan repitiendo ciclos. Pregúntate ¿Qué harías si tuvieras más tiempo libre?; investiga y profundiza en temas que te llaman la atención, lee un libro diferente a lo que acostumbras leer, interactúa con personas nuevas, de otros campos del conocimiento, haz cosas diferentes.
5. Define cuales son tus mejores habilidades profesionales:
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Si quieres encontrar una carrera que amas, debes partir desde la identificación de tus fortalezas, o aquellas habilidades (competencias) que te permiten diferenciarte del resto de personas.
Tres preguntas que debes hacer en este punto:
a) ¿Cuáles son mis habilidades y que tan desarrolladas están? Para empezar, escoge entre 5 y 10 personas que sientas que mejor te conozcan y divídelas en dos grupos.
Grupo 1: Reúne a los amigos con los cuales te conectas desde lo más profundo de tu ser, con los cuales compartes principios, valores y una visión de vida. Grupo
2: Aquí tendrás a las personas con las cuales eres cercano, pero que se diferencian de tu personalidad, bien sea por su estilo de vida, trabajo o proyectos. Empieza preguntando a cada persona de cada grupo cuáles creen que, honestamente, son tus mayores fortalezas y habilidades, y cuáles son tus áreas de mejora.
b) ¿Cuáles de mis fortalezas, puedo convertir en un talento? Implica utilizar estas fortalezas como base para identificar talentos que, quizás, anteriormente no conocías. Los talentos son aquellas áreas en las que puedes se excepcional, teniendo siempre presente que algunos están identificados y otros latentes, por eso la necesidad de experimentar nuevas cosas.
6. Sigue tu curiosidad:
Sin importar que hayas encontrado o no tu propósito, es importante que sigas aquellas cosas que más te lleven a los momentos de flujo; no importa que nunca antes lo hayas intentado, ya que la idea es que descubras intereses menos obvios, esto implicará salir de la zona de confort, moviéndote a la zona de reto.
7. No hagas del dinero tu principal motivación:
Si quieres vivir tu vida haciendo algo que te gratifica, la mejor manera de empezar es tratar a las preocupaciones financieras como algo secundario. No significa que lo financiero no es relevante, no obstante, si limitas tu propósito de vida a la cantidad de Líderazgo Inspirador dinero que puedes ganar en la actualidad, difícilmente encontrarás actividades gratificantes.
8. Diferencia entre placer, pasión y propósito:
a) El placer: es la alegría del corto plazo, esa que disfrutamos en el instante y que la despierta las cosas materiales. Es diferente de la felicidad;
b) La pasión: esta sensación implica un mayor compromiso, nos hacer sentir que el tiempo vuela y que todo lo demás pierde su importancia para nosotros;
c) El propósito: es la sensación que obtenemos, cuando nos damos cuenta de que hacemos parte de algo que es más grande que nosotros mismos.
El propósito se convierte en una razón para levantarse temprano, para sacrificar cosas que nos gustan y que, por encima de todo, le da sentido a nuestra vida. Para construir el propósito de tu vida tendrás que tomar decisiones, y a su vez, renunciar a muchas otras.
9. Está bien cambiar, retirarte y probar otras cosas:
Es normal que en esta búsqueda y construcción de un proyecto de vida, cometas errores, tomes caminos que con el tiempo no eran los indicados, o simplemente cambies de opinión. Recuerda que experiencia es el nombre que damos a nuestros errores y la experiencia es parte de nuestro crecimiento como personas.
10. Tu propósito no es un golpe de suerte, es una disciplina:
El propósito de tu vida no es algo que te encuentras de la noche a la mañana, no es algo a lo que llegas después de pensarlo una mañana, o luego de una conversación, el propósito de tu vida es producto de tu disciplina.
Es el resultado de estar constantemente buscando nuevas actividades, oportunidades de negocio, conociendo nuevas personas, y cuando encuentres algo que te interese, dedicarte a practicarlo y perfeccionarlo.
Leonardo Gutiérrez Giraldo
Speaker, Trainer, Máster Coach, Máster en PNL – IANLP
Consultor Internacional certificado por la Universidad
del Rosario y BVQI
Dinámica Consultoría Empresarial
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